• Andrés Castro Murcia

El acuerdo con las FARC acabó la economía.




Los buenos momentos de la economía colombiana han estado intrínsecamente ligados a lo momentos en los que las organizaciones al margen de la ley estaban siendo perseguidos por el estado. Y los malos, cuando no hay a quién perseguir.


Esa es la lógica de los buenos momentos de la economía colombiana de los últimos 20 o 30 años. Pero si vamos a tomar a minucia los datos, un buen inicio sería el año 1990, cuando se realizó la “apertura económica”. Esa década se puede dividir en los tres gobiernos nacionales por los que atravesó el país, cada uno con una política contra las drogas diferente.


El primero, el de Gaviria, se encargó de perseguir a Pablo Escobar a como diera lugar. Lo que significó la inversión del capo de Medellín para salvaguardarse. Y la mil millonaria inversión de sus enemigos para acabarlo. Salvo los dineros entregados por los gringos y los propios del estado, eran dineros ilícitos.


Después, durante el gobierno Samper y el proceso 8.000, el país se sumió en una terrible recesión causada porque quienes mayores inversiones habían puesto para matar a Escobar, ahora estaban ajustando cuentas, aumentando reservas. Mientras sabían que no los extraditarían o capturarían por tener a un presidente de Bolsillos.


Durante la época de Pastrana entró a jugar un papel importante las FARC, puesto que se aventuraron en el negocio del narcotráfico en gran escala. Mientras algunos narcotraficantes desfilaban entrando y saliendo de las cárceles, un mal mayor se fortalecía y armaba, lo que implicó un repunte en la economía en los primeros años del actual siglo.


Dicho repunte se vio aún más impulsado con la abierta declaración de guerra de los gobiernos Uribe contra las organizaciones narcotraficantes. Ellos como el gobierno gastaron miles de millones en acabarse mutuamente, y lo único que hicieron fue dejar el dinero esparcido por todo el país.


Después, los gobiernos Santos, terminaron dicha guerra y concluyó todo en un acuerdo de paz. Las FARC ahora están obligadas a entregar dinero y bienes para resarcir el daño hecho a las víctimas del conflicto, sin embargo, eso está en veremos.


Ahora, el gobierno del presidente Duque no tiene un rival grande a quién perseguir. Tiene muchas bandas criminales organizadas, dispersadas, lo que dificulta su persecución. Pero no son en el mismo tamaño o en la misma cantidad que en décadas pasadas.


Lo que nos deja este pequeño análisis es que somos un país que depende de la economía ilegal para mantenerse. Hago un pequeño énfasis en decir economía ilegal al asegurar que no solo es el narcotráfico lo que sustentó la guerra en ese entonces. También la minería ilegal, el contrabando, la prostitución, la extorsión y una lista eterna de problemas.

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