• Andrés Castro Murcia

Empanada

Actualizado: 9 de oct de 2019




Que a un ciudadano le pongan un comparendo de más de $ 800.000 por comprarse una empanada en la calle es la máxima demostración del alejamiento de los legisladores y la ciudadanía.


El "Código de policía y (Dizque) convivencia" se marcó como objetivo lucha por la recuperación del espacio público, usurpado por los vendedores ambulantes - ya sean vendedores de empanadas, libros, ropa, o cualquier cosa - que se vendan en los andenes y espacios públicos de toda Colombia.


Hay que ser sinceros. En algunos lugares es fastidioso que se apropien de los andenes y espacios por donde la ciudadanía habitualmente se moviliza, pero la solución no es prohibirlos y perseguirlos. Eso no nos va llevar a ningún lugar. Es una situación que merece un pensamiento más profundo.


Lo primero que hay que entender es que las personas que se dedican a la venta ambulante no son un problema. Son personas que tienen un problema, el desempleo. Allí hay una falla de la legislación: perseguir y (casi) criminalizar a las personas. Estas acciones acaban con una de las pocas formas de acceder de manera fácil al empleo de muchas personas que se encuentran sumidas en la pobreza en Colombia.



También hay que entender que las personas que acceden a comprar los bienes que son ofertados en los espacios públicos lo hacen por diversos motivos; necesidad, gusto, preferencia, economía, o cualquiera que sea la razón. Es decir, comprar en la calle no le hace daño a nadie, promueve la economía.


Por otra parte se demuestra el desconocimiento de las personas que están formando las legislaciones, y también de quienes las aplican, de cómo funciona ese sector de la economía. Quiero traer a colación dos casos de éxito de este tipo de trabajo:

  • Una parte de mi familia trabajó como vendedores ambulantes, vendiendo medias en la calle en algún sector de la localidad de Bosa. Ellos no estaban infringiendo ninguna ley, tan solo era su forma de trabajo.

  • Es una microempresa familiar que vende algodón de azúcar en Bogotá, entre las Calle 183 y 190 en la Autopista Norte . En este sector siempre se hace trancón, y son normalmente 7 personas que venden el algodón. Y vuelve y juega, no están infringiendo una ley, están trabajando.


En conclusión, no puede ocurrir que persigamos a las personas que están tratando de salir adelante de una manera honrada. Yo creo que a estas personas hay que darles una oportunidad laboral, a lo mejor (al igual que todos) lo único que necesitan es apoyo para salir adelante.

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