• Andrés Castro Murcia

Homo erectus a bordo.

Actualizado: 9 de oct de 2019



Ninguno de los usuarios de Transmilenio se ha podido salvar de la alta demanda de transporte en las horas pico capitalinas. Interminables filas que se alargan cada minuto con más y más pasajeros y que no ceden por la ausencia de espacio dentro de los buses, terminan produciendo que el estrés se apodere de los bogotanos y haciendo – literalmente – cualquier cosa por abordar el siguiente bus.


No culpo a aquellos que hacen cualquier cosa por montarse a un bus, en muchos casos la espera se torna insoportable. Supongo que para quienes van tarde a una cita médica, a un examen, al trabajo o a la universidad, tomar una medida desesperada es una buena opción para llegar a su destino.


La cultura de Transmilenio se convirtió en ese “hacer cualquier cosa”; y a la larga se convirtió en la cultura de la ciudad. Esa actitud impera porque no nos importa el otro, y no nos importa porque no nos duele ni nos cuesta.


Llegando al punto previamente mencionado, hay que aceptar que la conclusión de que la culpa son los colados es apresurada. Por otra parte, sí creo que el problema es el bajo recaudo. Esto es causado porque los colados no pagan debido a que el precio es alto para un servicio tan malo como el que Transmilenio ofrece.


Poner multas a diestra y siniestra no va a hacer que aquellos que no pagan empiecen a pagar. Dichas multas solo generarán más sofisticadas y difíciles maneras de colarse al sistema.



La ecuación entonces es una igualdad entre la calidad del servicio y el aumento del recaudo. Ante una mejora significativa en el servicio debería mejorarse el ingreso financiero para el sistema. De esta manera el reto que debemos resolver como ciudad es: ¿Cómo mejorar el sistema?


Habrá muchas opciones, la mía depende de mucha voluntad política. Consiste en que Transmilenio deje de pensar que tiene que producir millones y millones al día para sus dueños, y en cambio convertirse en un verdadero servicio público para los capitalinos.


Si dejamos de pensar en que dos biarticulados hacen lo mismo que tres articulados, y que así se ahorra el sueldo de un conductor, el sistema está condenado a un masivo y continuo examen de reducción de costos y no buscar beneficiar a los cientos de miles de ciudadanos que necesitan un sistema de movilidad digno.


En cambio, si pensamos en opciones ecológicas, que movilicen más ciudadanos y que garanticen un sistema seguro y digno, es efectivo que este mejorará y por ende el recaudo de nuevo aumentará.


La mejora del sistema también significaría que los usuarios no tendrán que esperar un bus en el cual quepan haciendo "pilatunas" y en cambio la velocidad reine en una infrenable ciudad como lo es nuestra Bogotá.

Con un sistema eficiente, que verdaderamente le sirva a la ciudad, la forma en la que usamos Transmilenio cambiará y asimismo se modificará la cultura a bordo. Los tumultos, empujones y peleas serán cosas del pasado y pareceremos personas civilizadas abordando un bus y no un homo erectus.

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