• Andrés Castro Murcia

Suicidio.

Actualizado: 9 de oct de 2019

La imagen de la señora lanzándose, junto a su hijo, desde el viaducto en Ibagué impactó esta semana las retinas de todos los colombianos. Este suceso nos obliga a pensar en una reflexión más profunda que la de “pobre señora” y “pobre niño”.


Hay que empezar la reflexión con dos cifras que deberían preocuparnos aún más que el hecho que vimos el miércoles 6 de Febrero en la capital tolimense. La primera: 2019 va a ser el último año en el que las enfermedades cardiovasculares van a ser el mayor malestar de la humanidad, a partir del 2020 serán las enfermedades mentales. La segunda: 7 de cada 10 personas en Colombia tiene algún tipo de situación o trastorno que debe ser atendido por profesionales (Psicólogos o psiquiatras.), ambas cifras según la OMS.


También habrá que tener en cuenta la forma en la que los medios de comunicación toman las noticias de salud mental en Colombia. Acá los problemas mentales importantes aparecen en el nefasto final de los noticieros en la sección de “Chismes”. Esto convierte a los problemas mentales en algo de farándula y de relleno más que un problema serio el cual hay que afrontarlo.


Por otro lado, la cultura de los colombianos nos obliga a ser “echa´os pa´elante”, de manera tal, que aquel que tenga un problema mental (cualquiera que sea) debe "ponerle ganas". Esta situación de “ponerle ganas”, es una medicina que ciertamente no sirve. Las personas que se encuentren enfermas no están así porque lo desean, están así porque hay cosas de fondo que requieren atención.


Así pues, hay que sumarle otra variable: Como las enfermedades mentales (A diferencia de todas las otras enfermedades) no generan una incapacidad para hacer las labores cotidianas, las personas de clase media y baja no se pueden dan el lujo de ir a un profesional para atender sus problemas mentales.


Entonces, en Colombia el tratamiento de los problemas mentales son un lujo exclusivo para quienes tienen tiempo para asistir a las citas y dinero para poderse mantener en su tratamiento.


Lo que se concluye es la necesidad de hacer un cambio en la forma en la que abordamos este tipo de enfermedades como sociedad. Debemos buscar una inclusión absoluta en los problemas mentales. Desconozco los motivos porque la señora se suicidó, y en su actuar mató a un niño de 10 años; pero estoy seguro que si las enfermedades mentales se abordaran de diferente manera en este país, el suicidio no se hubiera consumado.

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